martes, 16 de febrero de 2010

Bolívar en el Perú

Juan José Vega


En el Perú Bolívar es el segregado, el marginado, el olvidado. Gente existe que no quiere ni pronunciar su nombre. Debemos confesar que es un gran triunfo de nuestras oligarquías tradicionales. Lograron convertir en impuro el nombre del Libertador. No nos extraña el hecho. Fue contra los aristócratas criollos peruanos que él tuvo que culminar la empresa de liberar América y de paso hasta el propio Perú. Tal como se decía en Madrid, “en América el Perú era España”. Esa clase social –nuestra nobleza criolla- era el escudo y la espada de la monarquía imperial. Bien sabemos que el llamado Ejército Español de Ayacucho tenía una noventa y cinco por ciento de peruanos. Eran hombres levados a la fuerza en su enorme mayoría, indios y zambos, pero casi todos los oficiales y varios Generales eran nacidos aquí, criollos de pura cepa. Y criollo arequipeño fue nuestro último verdadero Virrey: Pío Tristán. No hay razón para deformar la Historia.
Respecto a la campaña contra Bolívar resulta oportuno recordar a nuestros dos primeros Jefes de Estado republicanos. Los Mariscales Riva Agüero y Torre Tagle. Los dos –tras haber dirigido al Perú- acabaron pasándose a los españoles, Torre Tagle, cobijado bajo la espada de Ramón Rodil en los Castillos de El Callao, llegó al extremo de proclamar al pie de las banderas de España “soy más godo que Fernando VII”.
Nunca le perdonaron estas actitudes. Dueños del país, los herederos de los marqueses coloniales unidos a nuevos grupos dominantes republicanos controlaron la educación y lo que se suele llamar cultura. Valiéndose de todos los medios arrinconaron otra vez al pueblo peruano y hundieron a Bolívar entre la calumnia, la difamación y el olvido oficial. Según estas versiones reaccionistas, aquel hombre genial, loado por los mayores espíritus de su tiempo. Humboldt por ejemplo, sólo había sido un personaje violento, dado a los placeres y, además, enemigo del Perú. Crearon la infamia de que Bolívar “nos había quitado Bolivia y
virtualmente Ecuador”, como si los territorios de esos dos países no hubiesen pasado a otros Virreynatos (Río de la Plata y Nueva Granada) más de medio siglo antes de la venida del Libertador a nuestro país y como si los nacidos en esos suelos no hubiesen manifestado durante las guerras separatistas su firme decisión autonomista. Más tarde, en abrumadoras votaciones, en el desarrollo de las sublevaciones independentistas así lo sostuvieron. En fin, nos engañaron. Nos negaron a Bolívar. Sencillamente era lo más cómodo para las
oligarquías de todo tipo. Cómodo porque hablar de Bolívar significaba y significa, necesariamente, hablar de la época de Bolívar y de sus contemporáneos.
Entonces que sucede claro que los descendientes de la aristocracia colonial escribieron la historia de sus antepasados, justificando una conducta aleve durante la independencia del Perú y de América (1808- 1826). Y tuvieron la habilidad de convertirla en la Historia Oficial de aquel convulsivo período. La verdad es que esa nobleza –salvo luminosas excepciones- era enemiga de la libertad. Un pequeño grupo respaldó a San Martín, mas al final lo abandonó. Toda la aristocracia alinaría luego contra Simón Bolívar, pero él aplastó tal resistencia en Junín y en Ayacucho y sobre él aplastó tal resistencia en Junín y en Ayacucho y sobre todo en el Real Felipe de El Callao, secundado siempre por los mejores peruanos.
Pero esos nobles tan nefastos recapturaron el Estado y se habrían de vengar calumniando sin tregua al Libertador (nos quitó Bolivia, etc). Esta función la cumplieron ciertos historiadores y, ¿cuándo no?, casi todos los encargados de la conducción política de la enseñanza en el país, a través de los programas escolares. Pero solamente consiguieron engañar a una parte de los peruanos. El resto de la peruanidad y el mundo adhieren a la memoria de quien, según la UNESCO, es el personaje del Milenio en América. Dejemos
paso a las opiniones de los grandes del mundo, que hemos hallado en nuestras lesturas, y que anhelamos recalcar.
Para mencionar sólo algunos de los grandes hombres de su tiempo que no vacilaron en cubrir de elogios a Bolívar tendríamos que contar a Humboldt, Goethe, al propio Simón Rodríquez, su maestro; y desde luego a Lord Byron, que pudo haber sido el libertador de Grecia.

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